lunes, 29 de mayo de 2017

Cuaderno de Bitácora. Aula de música

Os presentamos el trabajo realizado por nuestra compañera del departamento de Musica. María José Vega Elías. Se trata del “Cuaderno de Bitácora” que nace desde el deseo de propiciar en los alumnos espacios de atención y de escucha que el ritmo tan rápido de nuestro modo de vida actual no suele permitir. Escuchar al otro y escucharnos a nosotros mismo.
Los adolescentes suelen tener dificultades para diferenciar estos dos ámbitos, el personal y el ajeno, en una etapa de su vida en la que lo importante es encontrar la propia identidad y nos servimos de nuestros allegados como espejos en el que aprender a mirarnos. Los profesores, en su labor educativa, tienen que facilitar a sus alumnos estos espacios de silencio para poder contactar con su mundo emocional.
Además, la asignatura de música tiene la ventaja de estar en un contacto continuo con el lenguaje de las emociones, y la canción es el perfume de la música; en 3,50 minutos podemos vernos reflejarnos en su carácter, en su mensaje, en la calidad del timbre de una voz, en nuestro pasado, por los recuerdos que nos trae. Ya que este género iba a ocupar gran parte de la asignatura durante el primer trimestre, podíamos realizar un trabajo de profundización a través de ella y así completar los objetivos propuestos.
Desde las primeras semanas se planteó realizar un diario de clase que a la vez de permitir recoger la información de la asignatura, nos daba la oportunidad de reflejar y profundizar en la experiencia vivida en el desarrollo de las clases.
Con estas intenciones y conectándolo con los objetivos de la programación se diseñó un proyecto ejecutado en varias fases
Primera fase
Durante el primer trimestre los profesores pretendían identificar la profundidad con la que el alumno se implica y comprende los contenidos para determinar hasta donde se podía llegar en el trabajo de aula y plantear la metodología más acorde  al nivel detectado.
El diario de clase recogía la vida de la clase. Nos convertimos en “secretarios” tomando  apuntes de todo lo nuevo, cada uno a su manera. La escucha atenta se hace necesaria para resumir, sintetizar, para observar lo que pasa, para destacar lo más significativo. Con este objetivo propusimos una serie de preguntas.
1-      ¿Qué hemos hecho hoy? Recuerdo cognitivo y selectivo de la información.
2-      ¿Puedo decir por qué y para qué hemos hecho estas actividades? Con esta pregunta el profesor podría evaluar continuamente el nivel de comprensión del alumno de la metodología empleada.
3-      ¿Qué es lo que he aprendido? Aquí se podía destacar lo que consideramos nuevo y lo que parece que ya quedará fijado porque se ha conectado con otros conocimientos o se puede fijar más fácilmente si se encuentran conexiones significativas.
4-      ¿Qué es lo que me ha gustado más, me ha inquietado, me ha sorprendido, me ha inspirado...? Esto sirve para poder identificar con más claridad lo que siento,  lo que me gusta, lo que me atrae., etc.
5-      ¿Puedo poner un título a la clase? Nos serviría para recoger el perfume de la clase.

En el enlace siguiente podemos ver algunas páginas de los diarios que han escrito alumnos de los grupos bilingües.
Aquí podéis ver el Trabajo del primer trimestre
Segunda fase ( 2º trimestre)
Una vez que hemos detectado qué preguntas realmente están sirviendo para que el alumno profundice en los objetivos,  proponemos que sólo escriba lo que le parece más significativo y que realice un dibujo.
Hemos de decir que el 50% de los alumnos que están trabajando el diario mejoran la redacción y se centran en su experiencia de clase, siendo este cuaderno el vehículo ideal para la toma de apuntes y para ser un espejo de su experiencia personal.
Aquí podéis ver el Trabajo del segundo trimestre
Tercera fase ( Tercer trimestre)- “Las emociones a escena”
Tras la evaluación realizada sobre la marcha del proyecto detectamos dos situaciones que reclaman una nueva adaptación:
1-     En esta última parte del curso  el grupo de Inteligencia emocional realiza los cursos de formación sobre  emociones y Arteterapia que estaban proyectados. Por supuesto que la formación no cae en saco roto y nos ayuda a modelar y moldear nuestra forma de ser y estar en clase y nuestra comunicación con el alumno.
2-      Los alumnos reclaman una actitud más activa, unos contenidos en los que sentirse más protagonistas y poder expresarse con mayor contundencia. Quieren volver a escuchar y analizar las canciones que fueron el material principal durante el primer trimestre.
Por ello que proponemos actividades que completan los objetivos de la escritura del diario pero con otro medio y por ello el proyecto llevará un segundo título: Las emociones a escena
1- Retomamos  la canción como perfume de la música y a través de ella analizamos todos los elementos del lenguaje musical que hemos ido desgranando a lo largo del curso:
Carácter, tempo, ritmo, contrastes de intensidad, textura, timbre, agrupaciones instrumentales y/o vocales, identificación de alturas, modos, etc, pero además, el contenido de cada canción toma una relevancia especial profundizando en él con preguntas pertinentes.
Preguntas introductorias:
¿Qué frase , verso, de la canción nos resuena con más intensidad? ¿Por qué?
¿Qué mensaje lleva esta canción para nosotros?
Por ejemplo, trabajamos  Demons de Imagine Dragons
Y proponemos estas cuestiones:
1-      ¿Podemos recordar alguna situación que ha sacado nuestro ángel? ¿Qué significa sacar el ángel?
2-      ¿Podemos recordar alguna situación que ha sacado nuestro demonio?
3-      ¿Qué significa esto para mí?
4-      ¿Qué emoción está relacionada con lo que se llama “demonio”?
5-      ¿Cómo es ese demonio? ¿Cómo lo describe esta canción?
6-      ¿Creo que es un signo de madurez controlar ese demonio?
Algunas de las canciones elegidas por los alumnos nos permiten también trabajar la expresión corporal.
Cada canción da la oportunidad de comentar muchos aspectos que tienen que ver con la inteligencia emocional y  abre el camino para expresar nuestro interior. En muchos casos los alumnos que en principio no son capaces de describir con claridad sus sensaciones, escuchando a los compañeros se abre la puerta para comenzar a nombrar y describir.
En clase, como estamos sentados en círculo, a todos se les pide que pongan un nombre a sus sensaciones. 
2-Asímismo, volviendo a los orígenes de este trabajo, sugerimos a los alumnos la posibilidad de hacer algunas clases de relajación en las que escuchar músicas que nos ayuden a conectar con un tempo más humano.

En la evaluación, muchos alumnos manifiestan que el diario les ha dado la oportunidad de sacar mucho partido a cada clase. Con él se han centrado más en ella, descubriendo los porqués de las actividades, profundizando en sus sensaciones y disfrutando de las actividades y de los dibujos que las sintetizan. Algunos han descubierto su talento para sintetizar con una imagen lo que han aprendido, y lo necesario que es comunicar con varios lenguajes un contenido
María José  nos expresa su conclusión: “Puedo decir que la atmósfera activa, participativa, atenta, apasionada y respetuosa con los otros y con uno mismo es algo a lo que podemos y debemos llegar, tanto en las clases con los alumnos como  en el centro con nuestros compañeros”.
Agradece lo vivido, leído y compartido con los compañeros y alumnos y, especialmente el espacio abierto desde este proyecto de desarrollo de inteligencia emocional
¡Gracias a ti, María José por tu profesionalidad, tu entusiasmo y tu implicación constante!

¡Una bonita y fructífera experiencia!

lunes, 15 de mayo de 2017

Expresión facial de las emociones


Nuestro compañero José Carlos, de Educación física ha desarrollado unidad didáctica de Expresión corporal con sus alumnos. Entroncando su unidad con el proyecto de educación emocional en el que está participando, propuso, como uno de las actividades finales recoger  la expresión facial de diferentes emociones. Nos comenta que “para realizarlo le di el menor número de consignas posibles ya que no quería coartar su creatividad o encaminar sus ideas por algo concreto, así que lo único que les comenté es que debían inventar una pequeña historia o microcuento y mediante la realización de selfies (como mínimo 5) fueran mostrando cómo se sentían en los diferentes momentos dicha historieta”

El objetivo era poder experimentar parte de lo aprendido en la unidad; es decir, ser capaz de expresar distintas emociones mediante la expresión facial, utilizando para ello una herramienta con la que están tan familiarizados como es el móvil.

Es un trabajo ha sido individual y la temática completamente libre. El trabajo de sus alumnos está expuesto en los pasillos del centro. Además de haber logrado plasmar con bastante autenticidad la expresión de sus emociones, es también una muestra de su originalidad y creatividad.

Aquí os dejamos una muestra.








martes, 9 de mayo de 2017

Inteligencia emocional y liderazgo: las competencias emocionales

En la última sesión  de trabajo con Alfonso López-Fando nos centramos en cómo trabajar la emociones a través de las competencias de la Inteligencia emocional
A veces nos resulta difícil reconocer nuestras emociones porque estamos demasiado acostumbrados a trabajar en el ámbito cognitivo, a buscar una comprensión racional de lo que nos pasa.
Las emociones son “señales” de nuestras necesidades. Por ello, si nos  quedamos en ellas, en el ámbito del “sentir”, no podemos acceder a lo que hay debajo.
El trabajo con las emociones requiere incorporar los seis principios de la inteligencia emocional:
  • AUTOCONCONCIENCIA. Capacidad de ser consciente de lo que siento y de lo que sienten los demás.
  •  AUTOCONFIANZA. Aceptación personal de que hay
  • AUTOCONTROL. Hacer frente de forma positiva a los impulsos emocionales y de conducta para poder regularlos 
  •  AUTOMOTIVACIÓN. Plantear objetivos y trazar planes para poder alcanzarlos
  •  Mostrar EMPATÍA y comprender los puntos de vista de los demás
  •  HABILIDAD SOCIAL. Utilizar las dotes sociales positivas a la hora de relacionarse.
Cada una de estas competencias es independiente de las otras. Podemos puntuar muy alto en alguna de ellas y, por el contrario en otras nuestro resultado será bajo. Es importante conocer en cuáles puntuamos menos para trabajar en ellas pues es necesario un equilibrio. Por mucho que insistamos en una de ellas no vamos a ampliar las otras. A veces insistimos en trabajar las que dominamos, precisamente, por eso, porque nos resultan más fáciles de manejar. Esto no nos permitirá seguir “creciendo”.

De las 6 competencias de la IE, cuatro están dirigidas hacia uno mismo. Se refieren a la inteligencia que Gardner denomina “intrapersonal” conocernos, conocer nuestras emociones y saber motivarnos o demorar la recompensa.
Las otras dos están dirigidas a los otros: “inteligencia Interpersonal” referida a la relación con los demás, a ser conscientes de las emociones ajenas y saber mantener una adecuada relación con los otros.
Esta diferencia en las competencias de la IE pone de manifiesto la importancia de la “mirada interna”, de la necesidad de “invertir” el conocimiento de uno mismo: si tengo un adecuado conocimiento de mí mismo, una aceptación de quien soy  y un respeto profundo de mi ser, entonces, de forma paralela, surgirá de mí una aceptación y un respeto hacia el otro.
A la hora de educar invertimos, más en conductas correctas, en mostrar conductas adecuadas hacia los demás que en el conocimiento de nosotros mismos. Por ejemplo, en ocasiones, queremos que los niños pidan perdón por algo que han hecho, sin invertir esfuerzos en sentir ese perdón. Queremos que  lo expresen para solucionar un conflicto. Cuando lo hacen quedamos satisfechos pero ni el ofensor lo siente ni al ofendido le llega. En cierto modo podemos decir que este tipo de educación fomenta un comportamiento educado, pero hipócrita; no surge del reconocimiento de la emoción, ni mucho menos del conocimiento de nuestras necesidades y del respeto a la de otros.

En definitiva, para tener inteligencia emocional hay que empezar con uno mismo. Si trabajo conmigo mismo mis reacciones serán ajustadas a mis emociones y podré satisfacer mis necesidades al tiempo que podré entender las de los otros.

La inteligencia emocional se desarrolla, se aprende y se puede educar de tal modo que nuestro nivel en cada una de las competencias dependerá del trabajo interior que hayamos hecho cada uno. Es necesario trabajar  todos los principios que hemos indicado que forman la IE. 

ACTIVIDADES
Para la autoconciencia o autoconocimiento.
En esta competencia tenemos que aprender a conocer las emociones, a ponerles nombre para así poderlas reconocer en nosotros mismos.

 “El dominó emocional”. Cada ficha tiene, como las del dominó tiene una parte en la que se describe una situación y otra con  el nombre de una emoción. Se trata de encontrar la emoción que corresponde a la situación y la situación que corresponde a la emoción hasta completarlo


Para el autocontrol
Si aprendemos a conectar con una emoción de forma adaptativa podemos llevar a cabo conductas adecuadas a la situación,  actuaremos con inteligencia emocional. 
Esto es mío
Por parejas agarramos cada uno un  lado de un cojín y tenemos que defenderlo diciendo “esto es mío”. El objetivo es tomar conciencia de cómo defendemos nuestra posición, cómo gestionamos la asertividad o cómo nos sentimos cuando tenemos que decir no a alguien. No es lo mismo defender que atacar; para defender lo nuestro no es necesario atacar al otro. Se trata de gestionar la ira con asertividad y no como ataque.

Esto es tuyo
Es igual que la dinámica anterior pero en este caso cada uno de los miembros de la pareja dice “esto es tuyo”. Se trata de descubrir que estrategias ponemos en juego cuando no somos responsables de algo, cuando “nos llega algo que no nos corresponde”. También aquí trabajamos la asertividad para saber decir “no”. En muchas ocasiones terminamos asumiendo responsabilidades que no son nuestras, “cogemos “los cojines” que nos corresponden y los que no; acabamos agotados con el peso de esas responsabilidades y achacamos a los demás el encontrarnos así cuando hemos sido nosotros quienes hemos cogido algo que no  es nuestro.
En ocasiones el autocontrol viene de la autoexigencia: nos imponemos más de lo que podemos, más de lo que nos corresponde. Muchas veces para satisfacer un “ideal” personal que nos hemos formado. No es exigimos demasiado, nos imponemos mucho más de lo que podemos y podemos llevar a cabo un control externo de nuestros estado emotivos, podemos ejecutar muchas conductas para adecuarnos a “eso” que debemos ser, pero… y nosotros ¿dónde quedamos? ¿Qué pasa con nuestras necesidades y emociones? Quedamos sepultados bajo el peso de lo asumido sin criterio, ocultos bajo la responsabilidad sin poder atender a nuestras emociones y necesidades. Muchas veces sin poder verlas.

Respecto a la educación en la competencia emocional del autocontrol, Alfonso nos propone un símil con la forma en que los adultos enseñamos a controlar los esfínteres a los niños.
En ese proceso, lo primero que tenemos que hacer es atender a las necesidades del cuerpo. Estas señales pueden ser muy obvias, tanto que los demás las perciben, se muestran (imaginad un niño pequeño, o incluso nosotros cuando necesitamos orinar: movimiento de las piernas, encogemos la zona pélvica…). Muchas veces el niño, concentrado en otras cosas, realizando otras actividades más interesantes no se da cuenta de esas señales, pasan desapercibidas (incluso a nosotros nos sucede en muchas ocasiones).Cuando las percibimos, cuando las sentimos tenemos que identificarlas, ponerle nombre y una vez identificada ir a un sitio donde podemos llevar a cabo la acción adecuada: “podemos soltar”
A nivel educativo, invertimos mucho esfuerzo con lo que tiene que ver con lo visceral, como en el caso del control de esfínteres. Sin embargo, con las emociones, no hacemos una inversión similar. Por eso, cuando experimento una emoción, puede que ni me dé cuenta (cómo vimos en la primera sesión: no percibo la señal) o, dándome cuenta, no identifico “qué me pasa”, no puedo ponerle nombre. Así, al final “guardo”,“mantengo” la emoción sin saber qué hacer con ella, sin soltarla cuando corresponde hasta que exploto: “tengo una diarrea emocional” en la que sale lo que corresponde y lo que no. Por ejemplo, cuando me enfado, lo acumulo y lo acumulo y cómo no encuentro lugar o espacio donde soltarlo exploto en cualquier lugar y en cualquier momento, sea adecuado o no. Es el caso de las reacciones desproporcionadas que se producen porque se necesita descargar la energía y no se ha habilitado el lugar y el modo de descargarlo. 
Al contrario que en lo visceral, donde hemos creado lugares específico para “eliminar lo que nos sobra”, en el ámbito emocional no lo hemos hecho; no hemos enseñado a cómo descargar la energía emocional de forma adecuada en un momento y lugar oportuno.
La educación emocional también requiere este proceso formativo que nos ayude a regular las emociones: cabrearme cuando toca cabrearme, estar triste en el momento y el lugar donde toca, etc., descargarme cuando pueda y donde sea adecuado hacerlo para que todo “salga” de la mejor manera posible. 

“Cualquiera puede enfadarse. Eso es algo muy sencillo, pero enfadarse con la persona adecuada, en el momento preciso en el grado exacto, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan fácil”

Aristóteles

Inteligencia emocional y liderazgo: la función de las emociones

Hace algo más de un mes tuvimos la segunda sesión de formación con Alfonso López-Fando.

Comenzamos la sesión con una dinámica que para tomar conciencia y compartir con otro miembro del grupo una situación reciente en la que hubiéramos vivido enfado, miedo, tristeza y alegría. Y cómo solemos reaccionar cuanto experimentamos estas vivencias. El objetivo era darnos cuenta de que todas las emociones están presentes en nuestra vida cotidiana y que en cada uno las expresamos de forma diferente; hay emociones con “las que nos llevamos mejor” que con otras; en ello influye nuestra experiencia personal, familiar y cultural.
A continuación, Alfonso nos explicó que las emociones son energías, como el agua o como la luz y que cada uno tenemos, igual que con estos recursos, necesidades diferentes; Es más, las emociones nos avisan de nuestras necesidades para que realicemos la acción necesaria para satisfacerla. El problema es que cuando no identificamos correctamente la necesidad que nos expresa cada emoción, las acciones que llevemos a cabo no serán satisfactorias y generarán sentimientos de culpa insatisfacción, frustración… y aumentarán las emociones para continuar avisándonos.

A partir de aquí hicimos un repaso de la necesidad que ocultan las emociones básicas:


  • Enfado: sirve para poner limites, para defender nuestro "espacio"
  • Miedo. nos indica la necesidad de protegernos, para poner prudencia
  • Alegría: es señal de que "voy bien"
  • Tristeza: nos ayuda a despedirnos, a superar la perdida
  • Amor: refleja nuestra necesidad de conectarnos, de crear vínculos
  • Vergüenza: sirve para vivir la culpa, saber "cuando he hecho daño"
  • Sorpresa: nos "desajusta", nos ayuda a saber que "no controlo todo"

 A partir de esto,  vimos que sucedía cuando estamos en situación de exceso o de defecto; es decir cuando no conectamos con esa emoción y por tanto con nuestra necesidad, o cuando lo hacemos en exceso. Aprender a regular estas energías es parte del trabajo de la inteligencia emocional

Para nuestra labor docente es fundamental que nos percatemos que hay detrás de los estados emocionales de nuestros alumnos, ayudarles a tomar conciencia de sus necesidades de modo que sus acciones se dirijan en la dirección adecuada para satisfacerlas, Esto, no es posible si nosotros mismos no somos conscientes de nuestras propias necesidades. Podemos perdernos en acciones q nunca nos satisfacen totalmente porque no van al núcleo de nuestra necesidad.


Para poder “conectar mejor con nuestras necesidades” tenemos que empezar a reconocer nuestras emociones y ponerle nombre. Y para ello es fundamental explorar nuestro vocabulario emocional. Buscar los adjetivos que expresen adecuadamente cada uno de nuestros estados emocionales. Es necesario descubrir los matices de cada una de ellas a través de las pistas que me da mi organismo que, a la vez, me servirán para regular adecuadamente el movimiento, la acción necesaria para satisfacer aquello que necesito en cada momento. Nuestro lenguaje emocional es bastante pobre, así que si ampliamos el vocabulario emocional puedo profundizar mejor en lo que necesito. 
Por esto, el trabajo que nos propone Alfonso es el de ampliar nuestro vocabulario emocional; ser conscientes de nuestras emociones y ponerle nombre


En esta lista de las emociones podemos observar una gradación de intensidad, que va de arriba hacia abajo.  Cuando llegamos a las dos últimas palabras estamos ya en una distorsión de la realidad.



viernes, 31 de marzo de 2017

El carruaje. Jorge Bucay

Un día de octubre, una voz familiar en el teléfono me dice: -Salí a la calle que hay un regalo para vos. 
Entusiasmado, salgo a la vereda y me encuentro con el regalo. Es un precioso carruaje estacionado justo, justo frente a la puerta de mi casa. Es de madera de nogal lustrada, tiene herrajes de bronce y lámparas de cerámica blanca, todo muy fino, muy elegante, muy "chic". Abro la portezuela de la cabina y subo. Un gran asiento semicircular forrado en pana bordó y unos visillos de encaje blanco le dan un toque de realeza al cubículo. Me siento y me doy cuenta que todo está diseñado exclusivamente para mí, está calculado el largo de las piernas, el ancho del asiento, la altura del techo… todo es muy cómodo, y no hay lugar para nadie más.
Entonces miro por la ventana y veo "el paisaje": de un lado el frente de mi casa, del otro el frente de la casa de mi vecino… y digo: "¡Qué bárbaro este regalo! "¡Qué bien, qué lindo…!" Y me quedo un rato disfrutando de esa sensación.
Al rato empiezo a aburrirme; lo que se ve por la ventana es siempre lo mismo.
Me pregunto: "¿Cuánto tiempo uno puede ver las mismas cosas?" Y empiezo a convencerme de que el regalo que me hicieron no sirve para nada.
De eso me ando quejando en voz alta cuando pasa mi vecino que me dice, como adivinándome: -¿No te das cuenta que a este carruaje le falta algo?
Yo pongo cara de qué-le-falta mientras miro las alfombras y los tapizados. 
-Le faltan los caballos – me dice antes de que llegue a preguntarle. 
Por eso veo siempre lo mismo -pienso-, por eso me parece aburrido. 
-Cierto – digo yo.
Entonces voy hasta el corralón de la estación y le ato dos caballos al carruaje. Me subo otra vez y desde adentro les grito: 
-¡¡Eaaaaa!!
El paisaje se vuelve maravilloso, extraordinario, cambia permanentemente y eso me sorprende. 
Sin embargo, al poco tiempo empiezo a sentir cierta vibración en el carruaje y a ver el comienzo de una rajadura en uno de los laterales.
Son los caballos que me conducen por caminos terribles; agarran todos los pozos, se suben a las veredas, me llevan por barrios peligrosos.
Me doy cuenta que yo no tengo ningún control de nada; los caballos me arrastran a donde ellos quieren. Al principio, ese derrotero era muy lindo, pero al final siento que es muy peligroso. 
Comienzo a asustarme y a darme cuenta que esto tampoco sirve.
En ese momento veo a mi vecino que pasa por ahí cerca, en su auto. Lo insulto: -¡Qué me hizo! 
Me grita:-¡Te falta el cochero! 
-¡Ah! – digo yo.
Con gran dificultad y con su ayuda, sofreno los caballos y decido contratar un cochero. A los pocos días asume funciones. Es un hombre formal y circunspecto con cara de poco humor y mucho conocimiento.
Me parece que ahora sí estoy preparado para disfrutar verdaderamente del regalo que me hicieron. Me subo, me acomodo, asomo la cabeza y le indico al cochero a dónde ir. 
Él conduce, él controla la situación, él decide la velocidad adecuada y elige la mejor ruta. 
Yo… Yo disfruto el viaje.
"Hemos nacido, salido de nuestra casa y nos hemos encontrado con un regalo: nuestro cuerpo. 
A poco de nacer nuestro cuerpo registró un deseo, una necesidad, un requerimiento instintivo, y se movió. Este carruaje no serviría para nada si no tuviera caballos; ellos son los deseos, las necesidades, las pulsiones y los afectos.
Todo va bien durante un tiempo, pero en algún momento empezamos a darnos cuenta que estos deseos nos llegaban por caminos un poco arriesgados y a veces peligrosos, y entonces tenemos necesidad de sofrenarlos. Aquí es donde aparece la figura del cochero: nuestra cabeza, nuestro intelecto, nuestra capacidad de pensar racionalmente.
El cochero sirve para evaluar el camino, la ruta. Pero quienes realmente tiran del carruaje son tus caballos.
No permitas que el cochero los descuide. Tienen que ser alimentados y protegidos, porque… ¿qué harías sin los caballos? ¿Qué sería de vos si fueras solamente cuerpo y cerebro? Si no tuvieras ningún deseo, ¿cómo sería la vida? Sería como la de esa gente que va por el mundo sin contacto con sus emociones, dejando que solamente su cerebro empuje el carruaje. Obviamente tampoco puedes descuidar el carruaje, porque tiene que durar todo el proyecto. Y esto implicará reparar, cuidar, afinar lo que sea necesario para su mantenimiento. Si nadie lo cuida, el carruaje se rompe, y si se rompe se acabó el viaje…"
Jorge Bucay

A propósito de la ira

Los clavos en la puerta

Hubo una vez un niño que tenía muy mal genio. Por ello su padre decidió entregarle una caja de clavos y un consejo, que cada vez que perdiera el control, clavase un clavo en la puerta de su habitación.
El primer día, el niño clavó 37 clavos en la puerta. Con el paso del tiempo, el niño fue aprendiendo a controlar su rabia, por ende, la cantidad de clavos comenzó a disminuir. Descubrió que eras más fácil controlar su temperamento que clavar los clavos en la puerta. 
Finalmente llegó el día en que el niño no perdió los estribos. Su padre orgulloso, le sugirió que por cada día que se pudiera controlar, sacase un clavo. 
Los días transcurrieron y el niño logró quitarlos todos. Conmovido por ello, el padre, tomó a su hijo de la mano y lo llevó hasta la puerta, y con suma tranquilidad le dijo: “Haz hecho bien, hijo mio, pero mira los hoyos… la puerta nunca volverá a ser la misma. Cuando dices cosas con rabia, dejan una cicatriz igual que ésta. Le puedes clavar un cuchillo a un hombre y luego sacárselo. Pero no importa cuántas veces le pidas perdón, la herida siempre seguirá ahí. Una herida verbal es tan dañina como una física. Recuerda que los amigos son joyas muy escasas, consérvalos, cuídalos, ámalos, pero no los lastimes, hay daños que son irreversibles y no hay perdón que los sane. 
El niño comprendió la enseñanza de su padre y jamás volvió a tener que controlar su ira porque se dedicó a tomarse las cosas con calma y a actuar siempre guiado por el amor.
Anónimo

Liderazgo emocional: la estructura de la persona

El día 23 tuvimos la primera sesión de formación con Alfonso López-Fando.
Nos presentó el objetivo fundamental de su trabajo: Qué es el liderazgo emocional y su relación con la inteligencia emocional.
Es necesario conocer  y reconocer en nosotros las emociones para dirigirlas y no dejarnos "arrastrar por ellas" y  hacernos dueños de la situación.
Nos planteó estos objetivos para el trabajo:
  • Crear un espacio de reflexión sobre quienes somos
  •  Situar las emociones en la persona y en el grupo 
  • Conocer las emociones y sus dinámicas específicas para aumentar nuestras competencias emocionales
  • Ofrecer claves y recursos a cada uno y como grupo para gestionar las emociones y aumentar nuestra competencia como líderes emocionales
En esta primera sesión nos centramos en los dos primeros: conocer quiénes somos y dónde se sitúan las emociones.

Para profundizar en el conocimiento de la estructura de la persona, recurrió a la imagen del carruaje: Comparamos al ser humano con un carruaje que representa nuestro cuerpo; un cuerpo que nos acompaña en toda nuestra existencia y es testigo de todas nuestras vivencias. Hay una memoria corporal de todo lo vivido.

Este carruaje no se movería sin una energía; los caballos que tiran de él. Son las emociones que nos "mueven", nos llevan cada una a su ritmo; pero si dejáramos a estos "caballos" a su libre albedrío el carruaje se podría desbocar, ir sin dirección. Es imprescindible que alguien lo dirija, que haya un “cochero” que los oriente y les marque el ritmo para que no destrocen el carruaje. Es nuestra cabeza. El pensamiento que nos dice que tenemos que hacer, que conviene y que no
Precisamente es en el diálogo entre "cochero" y "caballos" en el que radica nuestra inteligencia emocional: conocer nuestras emociones y saber orientarlas hacia las metas que nos proponemos del mejor modo posible.

Sin embargo, este mapa del ser humano quedaría incompleto si no incluimos otro elemento: el "pasajero". Es nuestro yo, nuestra esencia, es una dimensión profunda del ser humano que puede elegir en libertad para saber dónde quiere ir. Una vez elegido el “destino”, la meta , es necesario equilibrar carruaje, cochero y caballos para llegar a él; esto es, cuerpo, mente y emoción tienen que alinearse para lograr el objetivo elegido.

Estuvimos trabajando en este punto con el propósito de hacernos conscientes de cómo nuestros deseos están limitados por una realidad; en ella encontraremos muchas o pocas posibilidades de realizarlos. Pero más allá de ello siempre está la posibilidad decidir cómo hacer frente a nuestra realidad, cuál será mi actitud : “no puedo elegir lo qué sucede, pero si cómo vivirlo”

Cuando elijo algo actúa desde lo que “quiero” que no es lo mismo que “hacer lo que me apetece”: elegir algo implica que me responsabilizo de mi elección, de sus consecuencias, del esfuerzo por lograrlo. Seguir la apetencia es un “dejarme llevar” por un deseo momentáneo que, si está en contra de lo que he elegido me va a proporcionar sensaciones y emociones de malestar y culpabilidad; a pesar de que  mi “cochero” busque racionalizaciones para justificarlo.

En definitiva, dependiendo del modo cómo estructuren mis deseos, mi realidad y mis elecciones, así serán mis emociones.


Estas emociones serán la energía que me mueva a la acción. En la medida en que asumo mi elección, surge la responsabilidad a la que mejor deberíamos llamar “respons-habilidad”: la habilidad de responder, de dirigirme a lo que quiero y he elegido.

El valor de una persona es la suma de sus conocimientos y habilidades que se multiplica (o se divide) por su actitud; compuesta, a su vez, de la motivación (emociones) y la voluntad